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miércoles, 5 de septiembre de 2012

PATTI SCIALFA en Gijón


Me voy unos días de viaje y lo primero con lo que me topo al leer las noticias es que la señora esposa de Mr. Springsteen ha estado en Gijón. Gracias a Dios no ha venido a cantar ni a presentar ningún disco en solitario, no. Su visita se debe a la participación de su hija Jessie en la edición de este año del Concurso Hípico Internacional de Gijón en el Hipódromo de Las Mestas. Realmente, tampoco es que me muera de la emoción por tener a esta señora en la ciudad. Podré estar confundida o no, pero la verdad es que Ms. Patti Sicalfa siempre me ha parecido el origen de todos los males de Bruce. No sé si será la envidia, su odioso timbre de voz o la pinta de jarrón chino que uno nunca sabe dónde poner cuando está actuando la E Street Band, pero nunca he soportado a este mujer. Dicen que es maja los que la han tratado en la distancia corta, pero como no creo que vaya nunca a tomar un café con ella, poco me importa. El caso es que ha estado por aquí, paseando por el muro, el parque Isabel la Católica, disfrutando del clima y,  por su última frase, saboreando los manjares del cantábrico en los numerosos espléndidos restaurantes que tenemos en la villa. Tonta no es. En fin, que esto huele a invitación y visita anticipada e ir tanteando el terreno para la parte contratante de la segunda parte de la penúltima e interminable gira de Springsteen y compañía. Creo que en alguna ocasión juré que no volvería a verle en directo pero si me lo vuelven a traer al lado de casa, tendré que romper el juramento, aunque intentaré volverme sorda en la mayoría de sus últimos temas, aunque si me toca "Drive All Night", habrá valido la pena.

Patti Scialfa llega a Las Mestas a la hora de comer y se dirige al que se ha convertido en su cuartel de operaciones durante la última semana: la carpa VIP, en el extremo norte de la pista de salto. Pantalones blancos, camisa negra, brazos al descubierto, gorra de incógnito y gafas de sol, rodeada de toda una cohorte. 

Lo suyo es una apuesta por la familia, una apuesta por el rock'n'roll y una apuesta, como no podía ser de otra forma, por su hija Jessie, amazona del equipo estadounidense, que hizo perder a su madre en su primera intervención pero que ayer se llevó un pequeño pellizco por su octava posición en la prueba final. 

Y una apuesta por la discreción: hablar con Scialfa es misión (casi) imposible, o al menos lo parece. La pelirroja de New Jersey, cosecha del 53, se hace rodear de un amplio equipo (un guardaespaldas, un chófer-traductor y una asistente de mirada atenta, escrutadora) que la mantiene fuera de foco durante cinco horas. 

Pero finalmente se sienta en esa carpa VIP desde la que ha visto a su hija competir, donde ha comido todos los días, y sorbe agua de una enorme copa con muchísimo hielo. «Tenéis un tiempo espléndido», explica. «Una pena que tenga que volver a New Jersey esta noche (por anoche): allí está lloviendo». 

Su marido tampoco está en casa. Está de gira con su 'Wrecking Ball Tour', que ahora recorre los Estados Unidos de nuevo tras pasar, en verano, por Europa. Ella no está en esta formación, «pero estaré en la próxima», dice risueña. 

Ha sido un año largo, en el que el menor de sus hijos, Samuel (tienen otro, Evan, que ha salido cantante) ha cumplido 18 años y, por tanto, ha empezado al 'college', «que le encanta», dice Scialfa con la mirada perdida en algún obstáculo difícil. Tiene un disco en proceso de grabación (su cuarto álbum en solitario desde 1993) aparcado por todos estos asuntos y por la frenética actividad de Springsteen desde hace más de un año. «Pero quiero acabarlo... pronto», guiña. 

Springsteen cumplirá 63 años este mismo mes: ya no son la pareja de chavales que tonteaba en los primeros años 90, la musa y el macho de 'Tunnel of love'. Porque aunque Scialfa admite que «habrá que ponerse a dieta en cuanto volvamos a casa», más en serio, subraya que se ha quedado con los ecos del Muro: los del 'boardwalk' de la infancia. Los ecos del pasado, de una larga carrera y una vida intensa: ese pasado en el que sus padres, dice, la llevaban de la mano junto al Atlántico que baña Asbury Park. 

«He salido por las mañanas a andar por el parque (de Isabel la Católica), que es precioso, y luego al Muro. Allí ves a tres generaciones juntas haciendo lo mismo, frente a esos colores del mar que tenéis aquí... Ves a los mayores que se visten para salir a pasear, con una dignidad y una salud que llaman mucho la atención». 

Alguien acaba de tirar un obstáculo y en las Mestas profieren su clásico «¡oh!». Scialfa recuerda que ella montaba (Springsteen también es un apasionado confeso de los caballos), «pero lo hacía muy mal. Por eso es genial que Jessica lo haya heredado y que lo haga tan bien», dice sacando el orgullo materno. 

«¡Aquí está!», exclama: aparece una joven que inevitablemente lleva algo de la mandíbula de su padre, una mirada clara y afable y un iPad rosa bajo el brazo. «¡Hi! ¡I'm Jessie!» Cuando se marcha, en Scialfa todavía se intuye algo del espíritu aventurero de los (duros) inicios musicales. «Si eres músico, eres músico. No es una cuestión se supervivencia». Pero los hijos mandan. 

«A ver si volvemos pronto», se despide de un vistazo. Quizás al hípico. Quizás (ella esquiva el tema) a lo grande: Springsteen tocó en Gijón en mayo de 1993, en mayo de 2003 y... «¡Qué bien se come aquí!»

3 comentarios:

Estamos en la nube... dijo...

Puede ser un indicio de una visita el próximo año a Gijón, sí. Veremos en qué queda.

En cuanto a lo de Patti no sé...creo que el origen de los diversos males de su carrera están en el propio músico, y tendemos a culpar o a su mujer o a Jon Landau, y el que decide es él. Su carrera habría ido seguramente por otros derroteros, no sabemos si mejores o peores, lo que tenemos como resultado es una carrera irregular y experimental a partir de los 90, con sus aciertos y sus fallos. Su mujer le ha aportado una estabilidad y en gran parte esta estabilidad ha "limitado" o enfocado su carrera.

Otra cosa es el papel de Patti en la banda, mucho más cuestionable. Éso sí, los gallos que mete en los conciertos no los comprendo: si escuchamos sus discos en solitario podemos ver que es más que solvente.

Un saludo!!

paulamule dijo...

Sí, ya se hablo de que Springsteen podría recalar el próximo año en Gijón por tercera vez. Nunca sabremos qué habría sido de su carrera de no haberse casado con esta mujer, pero quizá nos hubiera ido mejor a los fans si su vida hubiera sido un infierno. O no, nunca lo sabremos. De todos modos, es lo que hay y ya no hay nada que lo cambie. Y lo de los gallos, ya se sabe que en estudio se pueden hacer maravillas.
Gracias por tu solitario comentario Y dale. Esto es como los espíritus, aunque estén no se manifiestan.
Salud.

Anónimo dijo...

Que gilipollas la que escribe,y que ignorancia musical.bruce es lo mejor que te ha pasado en tu miserable vida

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